Mi amigo secreto

Hoy vuelvo a escribir, no que haya dejado de hacerlo, simplemente que entre la licenciatura, el trabajo, la fotografía, escribir acá y una disque vida social, y bueno alguien tenía que joderse.

Ya sin formar parte del “jet set” local, y con ese tiempo de sobra para la diarrea mental, tengo días queriendo desahogarme sobre un tema que siempre me ha parecido sorprendente, el amigo secreto.

Lo primero que me llama la atención de este ritual de oficina es la logística; contar los participantes, hacer papelitos, y luego repartirlos desencadena en el “control freak” que SIEMPRE lo organiza su bipolaridad oculta. Luego vienen los desencantos.

Hay que reconocerlo, todos tenemos favoritos, es un hecho que en cualquier grupo determinado las mentes afines se juntan y a la hora de tener que regalarle a alguien yo prefiero que me toque una persona que sea agradable, y estoy seguro que el resto del mundo es igual, por eso existe el trueque y, fuera de la vista del “comité organizador”, sucede el diáologo siguiente:

Co-worker A: ¿Chamo, a ti quien te tocó?

Co-worler B: El carajo de contabilidad, a ti?

Co-worker A: Me toco la de mercadeo, que ladilla… no quieres cambiar?

Con algunas variaciones departamentales, el caso es que todos quisiéramos gastar nuestro tiempo y recursos en alguien afín.

En fín, luego del sorteo aleatorio y su resultado, siguen las reglas, cantidades de dinero estipuladas (no queremos que ademas de secreto sea un agarrado), lista de regalos posibles (no vaya a ser que seamos víctimas del mal gusto de terceros), y toda una logística diseñada para que esa persona especial no sepa que en realidad no nos importa pero que tenemos que regalarle algo.

Para no estirar esto mas de la cuenta, mi punto es que este tipo de dinámicas son el último bastión de defensa que le queda a la humanidad para que la gente interactúe de forma “bondadosa y caritativa”. La realidad es que si no fuera secreto, el título de amigo solo lo llevarían aquellos que el tiempo ha mantenido en nuestra vida a pesar de nuestras respectivas acciones, que ya hicieron o hicimos todo lo posible para deshacernos de ellos y como el herpes, siempre regresan.

También están los amigos de la niñez, que hoy son parte de nuestra aislada y virtual vida a base de costumbre y años de años de cenas familiares, convivencias, paseos y otra serie de actividades que vuelven el hábito mas fuerte que el placer.

Si tengo que admitir que añoro la época cuando uno hacía amigos, donde la necesidad marcaba que el vecino fuera el guardameta, sin importar que para nosotros fuera un boludo. O por el contrario, la habilidad natural de algún habitante del barrio lo hiciera indispensable para ciertas actividades.

Esa época llena de interacciones humanas, contacto físico, insultos inocentes, dejaron marcas permanentes en el subconsciente, así como en rodillas y codos de caerse, de una generación pre-tecnológica que cuando el momento surgía y había que tirarse a la calle a resolver un encuentro 5 contra 5 a casa llena requería el tener que ir casa por casa llamándolo a cada uno con toda la solemnidad que el evento ameritaba.

Hoy, muchos son los padres que sufren por que se ven en la necesidad de agendar actividades al aire libre a sus hijos para despegarlos de un joystick o teclado. Cuantas infancias no se desgastan en frente de la consola de moda entre los horarios de natación y tenis, o entre mensajes instantáneos y de texto entre “amigos” sobre tal o cual cheat code para superar el nivel del juego del momento.

¿Será que nos hemos deshumanizado tanto que ahora para hacer amigos tenemos que organizarlo y mantenerlo en secreto?

One Response to “Mi amigo secreto”

  1. Try not to become a man of success but rather to become a man of value.

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